miércoles, 9 de septiembre de 2020

Proyecto 2017 (XV a XXVII).

 

XV.

 

Sin pasión no hay poesía.

Renacer cada día es parte de la vida.

No importa lo que digan es así

Hay que parirse todos los días.

 

 

 

 

XVI.

 

Siento la prisión de este cuerpo

Como envase de mi espíritu salvaje.

 

No existen cadenas

que contengan el fuego de mi amor.

 

Se derrama en carne de poemas

 

La hostilidad me llega

pero siento un susurro que me llama,

mientras acaricio la vida al pasar.

Absorbiendo lo que inspira

abrazando a los que inspiran

 

 

Otro: su mirada cambio,

Nunca sus ojos se posaron sobre mí de esa manera.

 Esto genero un momento de encuentro.

Aunque siempre que mira a alguien

es como si se preguntara ¿Qué onda?

Pero no un ¿Qué onda? Mala onda

Sino un ¿Qué onda? Que interpela al otro de tal manera,

que no le deja otra alternativa que se manifieste como es.

 

 

 

 

XVII.

 

Las palabras fluyen hacia mí

               como pájaros en el aire

que van hacia una misma dirección.

 

.:.:.                  .:.:.                             .:.:.

 

Encontré otra musa.

   Ya van tres y contando.

       Espero ansiosa su visita

     para regodearme embelesada

                                      ante su enseñanza.

 

Siento una vibración muy fuerte.

Invade mi cuerpo atravesando

mi chacra raíz hasta la corona.

Son impulsos de placer.

Desconozco su procedencia pero sé que hace años lo siento.

 

 

 

 

 

 

XVIII.

 

Cuando aparece algo nuevo y significativo

     siempre resulta por proyección mejor que lo que se conoce.

 

Siempre es otro sabor,

               otro aroma,

otra piel por descubrir.

 

Otro disfraz por desarmar.

 

 

 

XIX.

 

Necesito desenfocar la atención de lo que siento,

una vez más me lastime.

No voy a decir que me lastimaron,

creo ser lo suficientemente grande

como para hacerme cargo

de mis decisiones.

 

 

 

 

XX.

 

Ya no más.

 

Tu piel,

       el borde de tus labios.

Tus ojos oasis.

La risa picara.

Tu zigzagueo.

 

Ciclo que termina,

pero agradece porque camina.

 

Quedarse quieto es como no respirar,

como esa sensación cuando acabas…

 

No más tu saliva y la mía.

 

El embrujo de tu fragancia.

 

Luminosa confluencia de deseos.

Consumándose en la hoguera de dos cuerpos.

 

 

 

Agradezco cada gota de sudor,

Cada roce

Y los recuerdos.

 

 

 

 

XXI.

 

Necesito un amor que me sacuda la vida.

 

Necesito vida sacudiendo al amor.

 

Que no sea el impulso que nos domina.

Sino la fiesta de una ceremonia compartida.

 

Complicidad que se imparte en la mirada.

Donde las palabras sobran.

Y el tiempo escapa.

 

 

 

 

 

XXII.

 

Me despojo por un momento de la convención de lo real.

 

El cuerpo se siente más liviano.

 

Los objetos pierden relación con su peso.

 

 

XXIII.

 

Me caí en un día nuevo.

           Otro amanecer que irrumpe en la oscuridad.

 

El viento cambia su dirección,

trayendo nubes desde los rincones.

 

Respiro y los aromas me invaden,

                      seduciéndome mientras inhalo.

 

 

 

 

XXIV.

 

Siento el veneno,

       lo reconozco.

Esa sensación la recuerdo.

 

Circulo espiralado,

danzando mientras rozan las manos.

 

Quiebra el aliento.

 

Enloquecen los sentidos.

 

Recuerdo esa sensación.

                   La ceguera.

      La disociación.

 

Más he sobrevivido.

 

Y ahora lo experimento de nuevo.

 

Dulce adicción al desconsuelo.

 

 

 

 

 

XXV.

 

Me gusta perderme.

Cada tanto me encuentro.

 

Cuando el click de las ideas

ordenan un nuevo aprendizaje.

 

 

 

XXVI.

 

Cuéntame lo que perciben tus pupilas,

quiero saber del camino entre neblinas.

 

A través del velo,

recuerda respirar pausado,

sintiendo el movimiento.

 

Se pierde el límite,

al desvanecerse las ideas.

 

 

 

Ahora,

     en silencio,

                 soy el águila que sobrevuela.

 

Soy los pétalos exuberantes de esa flor.

 

Las gotas de lluvia en el balcón.

 

Adentro,

       siempre adentro.

 

El afuera es creado todo el tiempo.

 

El cobarde solo puede ver lo que le conviene.

 

 

XXVII.

 

El otro.

¿Quién es el otro?

 

¿Es otro o es parte de mi proyección?






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