I.
Reflexión
concatenada en el espacio cotidiano
Pensamientos
que rondan el adentro al acecho
Alarmas.
El
estertor diurno, distante, lascivo…
Atmósfera
adornada de plantas, aunque el oxígeno falta.
Carente
de nada y de todo
Acá
estoy y existo
Cuerpo
que me conduce
Manos,
boca que me traducen.
II.
Ansias, vértigo, tiempo…
Hace años mantengo una conversación
conmigo misma.
El aroma entrañable de otros cuerpos.
El pánico del no movimiento.
El pánico vacilante.
La no intervención en los sucesos,
Paralizarse.
Gritar, regurgitar…
Dolencias que aquejan ante aquello que
no se dice, no se hace.
Incertidumbre como única certeza
Si, certeza de la soledad que me
trasciende.
III.
Tanto mundo contemplado por ahí.
Se desfigura cosificándose
en la masa deforme,
como regocijo estentóreo.
Los pasos transitados
no pesan,
suman experiencia en el andar.
Del pensamiento que se vacía
perdiéndose en el enrosque de lo
mundano.
Danzando con el alma.
La vida de los días
que condensan como gotas de vapor,
la sumatoria de lo que soy hoy.
IV.
Riesgo, vértigo, transiciones…
Como los segundos previos al salto.
Los segundos en el aire antes del
impacto.
El golpe que acaricia cuando me sumerjo.
Y vuelvo a emerger, como renacer.
Así la inspiración agasajante
llega con los días
volcándose en los retazos de tiempo que
desembucho
de a puchitos nomás…
V.
Del dolor, la resiliencia.
De lo desconocido, el no prejuicio.
Aprender de las ideas/voces de los
otros,
entender que eso somos…
Una multitud de voces interiorizada.
Que atraviesa un canal,
conciliándose entre sí,
hasta volver a ser externalizadas.
Diverso y basto es el mundo,
tanto como el de las ideas.
Las manos invisibles
que pretenden acallarlas,
lejos están de lograrlo.
Los fuegos más brillantes
perduran encendidos
como la eternidad del segundo efímero.
VI.
Ser consiente de los estímulos.
Ser actores comprometidxs
de la vida que se representa.
Sin yoismos ni personalismos.
Crear la vida como crear en la vida.
VII.
La apariencia de la transparencia.
Se desfiguran.
Se derriten.
VIII.
Vapores calientes sórdidos conversan.
Cuerpos desnudos se encuentran.
La ciudad parece vacía,
pero entre los recovecos descansan las
almas.
Lejos del atavío.
Flotan en sus mundos oníricos.
IX.
Enamorarse de una sonrisa.
Clara, transparente.
Como un sol.
Sonrisa de león.
Que amanece feliz en el monte,
sencillo y sincero en cada gesto.
X.
Soy todo lo que espero en pesadillas.
El vuelo se entrecorta.
La caída.
Los silencios se dilatan
como la distancia
entre un punto y otro
fijados en un globo.
Astillas que devoran la piel.
El hastió del invierno
azota con vientos tempestivos
el calor del hogar,
las aguas claras del remanso.
Más cuando aterrizo,
contemplo la inmensidad.
Cobro fuerzas y nuevamente
salgo a volar.

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